HER Journal

El cliente que llegó con un catálogo

Hay un tipo de proyecto que se repite más de lo que parece.

El cliente llega con una referencia clara, lo ha visto en un proyecto que le gustó, en una revista, en una feria. “Es esta”, dice, “quiero esta”. La mayoría de las veces, ahí se acaba la discusión. La pieza encaja, se instala, y el proyecto sigue adelante sin más. El catálogo hace lo que tiene que hacer: dar una respuesta buena y ya probada.

Pero hay proyectos donde esa pieza no cuadra. La altura no es la misma que en la foto que enamoró al cliente. El techo tiene una instalación que condiciona dónde se puede anclar. La temperatura de color no pega con el resto del espacio. O la potencia y el ángulo de apertura no van a hacer lo que ese punto de luz necesita hacer ahí.

Ahí cambia el trabajo.

Ya no es fabricar la pieza que se pidió, sino preguntar qué buscaba el cliente al elegirla. A veces la respuesta no tiene nada que ver con la lámpara en sí, sino con una atmósfera que vio en otro sitio y quiere para su casa.

Pasa a menudo con techos bajos: la pieza que trae el cliente está pensada para un techo mucho más alto del que tiene, y colgarla tal cual sería un error visible desde la puerta. En esos casos el equipo termina desarrollando una versión más compacta, con otra óptica, para compensar la distancia que se pierde. No es la lámpara de la foto. Pero consigue lo que esa foto prometía.

La conversación para llegar hasta ahí no siempre es cómoda. Hay que explicar por qué esa pieza exacta no va a funcionar sin que suene a que se está cuestionando el gusto de alguien que ya tenía la idea clara. Y no es eso: es traducir esa idea a las condiciones reales del espacio.

El catálogo sigue siendo, casi siempre, el punto de partida correcto. Solo que a veces el camino hasta la pieza final es más largo de lo que parecía al principio.

HER Team

 

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