Hay un momento en casi todos los proyectos en el que aparece la misma pregunta, normalmente demasiado tarde: ¿esto se puede controlar desde el móvil?
A veces la respuesta es simplemente sí. Otras veces, no sin tener que replantear decisiones que ya se habían tomado.
Porque la domótica suele entrar en la conversación al final, cuando el diseño de iluminación ya está cerrado, los circuitos están definidos y el proyecto está a un paso de la instalación. En ese momento, integrar un sistema de control inteligente deja de ser una decisión de diseño y se convierte en una solución técnica para adaptar algo que originalmente no se había planteado teniendo ese sistema en cuenta.
Y ahí es donde se pierde gran parte de su potencial.
Un sistema de control bien integrado no consiste únicamente en poder encender y apagar las luces desde una aplicación. Significa que las escenas de iluminación pueden adaptarse a lo largo del día sin que nadie tenga que hacer nada. Significa que la iluminación de un espacio de trabajo puede coordinarse con el resto del entorno, en lugar de funcionar como un sistema aislado. Significa que climatización, sonido e iluminación pueden responder a una misma lógica, en lugar de depender de tres controles diferentes que nadie utiliza después del primer mes.
Nada de esto debería decidirse en el último momento. Debería plantearse mientras todavía hay tiempo para definir dónde va cada circuito, cómo se agrupan las distintas zonas y qué luminarias deben ser compatibles con el sistema desde la fase de diseño, en lugar de tener que adaptarlas después.
Por eso, siempre que el proyecto lo permite, incorporamos a Domoticat BCN a la conversación desde el inicio del proceso de diseño de iluminación, en lugar de tratar la automatización como algo que se añade al final. Que el cliente decida finalmente integrarla o no es completamente decisión suya, pero esa decisión debería tomarse en el momento adecuado, con toda la información sobre la mesa, y no cuando ya no queda suficiente margen para elegir bien.
Esto abre posibilidades muy concretas. Un dormitorio puede contar con una escena de “lectura” y otra de “descanso”, cada una con una temperatura de color y una intensidad diferentes, sin que el usuario tenga que ajustar nada manualmente. Una zona de estar puede responder a la cantidad de luz natural que entra por la tarde, reduciendo la iluminación artificial cuando ya no es necesaria. Un espacio comercial puede cambiar su atmósfera según la hora del día, sin que nadie tenga que gestionarlo constantemente.
Ninguna de estas soluciones es especialmente complicada de implementar. Lo difícil es incorporarlas después, en un proyecto que no las tuvo en cuenta desde el principio.
La domótica no es una capa que se añade al final. Es una decisión de diseño, igual que la temperatura de color o el ángulo de apertura. Cuanto antes forme parte de la conversación, menos visible será la tecnología y más natural se sentirá el espacio.
— Equipo HER